Conferencia sobre el movimiento vecinal

El pasado 15 de abril, asistimos en el Ágora a la conferencia del Doctor en Historia Pedro Juan Parra Verdú sobre el Movimiento Vecinal en Alcoy, una reflexión muy interesante sobre los orígenes de la participación ciudadana en nuestra ciudad. Una buena ocasión para recuperar la memoria de lo que ocurrió hace cincuenta años.

Rafael Zamorano, coordinador de Gent Per Alcoi:

«Lo que hicieron aquellos vecinos y vecinas de 1976 es exactamente lo que nosotros intentamos continuar: ocuparnos de lo cercano, de lo que afecta a la gente en su día a día. Ellos no tenían partido ni representación institucional, pero sabían que la mejor política es la que nace de la calle. Cincuenta años después, desde Gent Per Alcoi seguimos defendiendo que los municipios deben tener voz propia, por eso formamos parte de FEPAL y de Unió Municipalista: porque creemos que la fuerza de la democracia local se construye desde abajo y en red, no desde los partidos estatales que nos dictan la agenda desde Madrid o desde Valencia.»

Pero, ¿qué ocurrió exactamente en 1976? En plena transición democrática, Alcoy fue escenario de un proceso que a menudo pasa desapercibido en los relatos oficiales: el nacimiento de las primeras asociaciones de vecinos y vecinas. No fue un hecho aislado. Era la democracia organizándose desde abajo, barrio a barrio, antes de que existieran ayuntamientos democráticos.

Cuando la dictadura agonizaba y las estructuras de participación política eran prácticamente inexistentes, cuatro asociaciones abrieron el camino: la Asociación de Vecinos de la Zona Norte —la primera, fundada ese mismo año—, la de Santa Rosa – La Mistera, la de Batoi y la de Font Roja. Cuatro entidades que nacían con un propósito muy concreto: exigir lo que la administración no daba. Alumbrado que no funcionaba, calles sin mantenimiento, barrios sin equipamientos. Reivindicaciones que hoy podrían sonar banales pero que entonces eran actos de presión política.

Esto es municipalismo de base en su sentido más literal: la ciudadanía organizada interviniendo directamente en la gestión de su ciudad, sin esperar permiso desde arriba.

Aquellas asociaciones funcionaron como escuela cívica y como canal de participación ciudadana en un momento en que los ayuntamientos todavía eran organismos franquistas. Presionaron para que la política municipal respondiera a las necesidades reales, y lo hicieron sin ninguna representación institucional detrás. Pura acción vecinal.

Un año después, en 1977, la creación de la Mancomunitat de l’Alcoià i el Comtat —Alcoy, Cocentaina y Muro— para la prestación conjunta de servicios municipales consolidó esta lógica: la cooperación entre municipios como respuesta práctica a problemas reales. Un impulso que, en buena medida, se había gestado en aquel activismo de barrio.

Cincuenta años después, las asociaciones de vecinos siguen siendo una herramienta fundamental. No de adorno, sino de cohesión: para reforzar los vínculos entre la ciudadanía y las instituciones, para mantener viva la implicación en la vida comunitaria, para recordarnos que la democracia local no termina en las elecciones.

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